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El Fin del Metilfenidato TDAH


La OMS quita el fármaco para la hiperactividad de los niños de su lista de medicamentos esenciales Por Miguel Jara 19 de junio de 2020Bufete Almodóvar & Jara MedicalizaciónMedicamentos peligrosos MedicinaSin Comentarios

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha sacado el metilfenidato de la lista de medicamentos esenciales. Dicho principio activo es el principal remedio utilizado para el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH). Lo hace ahora, cuando lleva años recetándose a niños. El motivo es que existen «incertidumbres» en el perfil de beneficio y daños. El metilfenidato es un medicamento psicoestimulante, el más utilizado para el TDAH -un trastorno psiquiátrico común con tasas de prevalencia global estimadas entre 3% y 5% en niños y 2,5% en adultos- con nombres como Concerta o Ritalin. La revista British Medical Journal (BMJ) acaba de publicar un artículo (Storeb 2020 et al), en el que se reflejan las incertidumbres y «evidencia [pruebas científicas] limitada en el perfil de beneficios y riesgos» y los debates y las preocupaciones generados por estas circunstancias. BMJ también recoge la valoración para ser incluido en la lista de medicamentos esenciales. Y así sabemos que el Comité de Expertos de la OMS no recomendó incluir metilfenidato a la lista complementaria de la Lista de medicamentos esenciales (EML) ni en la lista de medicamentos esenciales para niños (EMLc) para el tratamiento de la hiperactividad y la «falta de atención». La decisión fue unánime. Es algo que sabemos gracias al portal de medicamentos de Castilla y León y que pese a ser una noticia de gran calado los medios de comunicación apenas la han recogido. Para los autores del trabajo: Los hallazgos sugieren que el metilfenidato puede estar asociado con una serie de eventos adversos graves, así como con una gran cantidad de eventos adversos no graves en niños y adolescentes, que a menudo conducen a la retirada del metilfenidato«. La certeza en la evidencia, comentan esos investigadores, es muy baja y, en consecuencia, no es posible estimar con precisión el «riesgo real de eventos adversos». Que no hay suficientes pruebas de su eficacia y seguridad es algo que se sabe desde hace años. Al metilfenidato se le conoce como «la cocaína de la infancia» y en países como Estados Unidos es un asunto de salud pública, como ocurre con otras drogas. Sabíamos que no hay estudios de medio a largo plazo que demuestren su efectividad y su seguridad. Muchas personas de corta edad lo consumen durante años para una enfermedad cuya misma existencia ha sido muy cuestionada. Estaba clara la pseudociencia que rodea al tratamiento de esta polémica enfermedad. El problema yace soterrado y muchos profesionales llevan años advirtiendo sobre una posible «epidemia» de posibles reacciones adversas fantasmas, no detectadas como por ejemplo trastornos psicóticos y arritmias, entre una larga lista de efectos secundarios. Los profesionales que publican ahora en BMJ cuestionan el lugar del clorhidrato de metilfenidato en cualquier lista esencial de medicamentos antes de realizar ensayos adicionales que puedan establecer evidencia sólida de más beneficios que daños a través de nuevas revisiones sistemáticas que comparen metilfenidato con un nocebo adecuado». Se insiste en la idea de que el fármaco no tiene pruebas de su eficacia y seguridad. Sí, sus defensores alegarán que hay estudios que avalan eso pero estos expertos advierten: Los ensayos existentes sobre los beneficios y daños del metilfenidato para el TDAH tienen problemas metodológicos. Se debe mejorar las investigaciones clínicas a través de ensayos bien desarrollados, metodológicamente rigurosos, con un enfoque tanto en los beneficios como en los daños». Es escandaloso que a estas alturas se decida sacar de la lista de medicamentos que son esenciales para las personas, algo que no se sabe si es efectivo para una enfermedad que no queda claro si es tal, pero que sabemos a ciencia cierta que puede provocar graves daños en personas inmaduras aún por ser niños. Bienvenida la noticia y ahora cabe preguntarse: ¿seguirá recetándose o esto provocará que los médicos abandonen su prescripción? ¿Continuará envenenándose a niños que son moviditos o que no atienden lo suficiente (no niego que en ocasiones esto pueda ser un grave problema para las familias) a mayor gloria del «cartel de la droga infantil» y su pseudociencia?

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